El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita A Nikanor Ivánovich, que esperaba que el intérprete hubiera dicho algo asà como: «pica usted alto, ¿eh?, querido Nikanor Ivánovich», el asombro ya no le cabÃa en el cuerpo cuando aquél dijo:
—¡Pero hombre, si eso no es dinero! ¡Pida más, que se lo dará! ¡Pida cinco!
Nikanor Ivánovich, ya enteramente trastornado, se encontró sin saber cómo junto a la mesa del muerto, donde Koróviev, con bastante prontitud y habilidad, esbozó dos ejemplares de contrato. Se lanzó al dormitorio y volvió con los contratos firmados ya por el extranjero. El presidente puso también su firma.
Koróviev solicitó que le extendiera un recibo por cinco mil.
—Con letra, con letra, Nikanor Ivánovich… —y diciendo algo que parecÃa no venir a cuento— eine, zwei, drei —sacó cinco paquetes de billetes nuevos y se los tendió al presidente.
Y después, la operación de contar, amenizada por las bromas y refranes que decÃa Koróviev: «Quien guarda halla», «El ojo del amo engorda el caballo».
Una vez contado el dinero, Koróviev entregó al presidente el pasaporte del extranjero para su registro provisional. Nikanor Ivánovich guardó el contrato y el dinero en su cartera, e incapaz de contenerse pidió tÃmidamente un vale.