El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Mientras sobre Nikanor Ivánovich caía aquella desgracia, también en la Sadóvaya, y bastante cerca del inmueble número 302 bis, Rimski, director de finanzas del Varietés, estaba en su despacho acompañado por Varenuja, el administrador.
El despacho estaba situado en la segunda planta del edificio. Dos de las ventanas del amplio despacho daban a la calle y una tercera, a espaldas del director, al parque de verano del Varietés, en el que había un bar con refrescos, el tiro y un escenario al aire libre. Decoraban la estancia, además del escritorio, unos viejos carteles murales colgados en la pared, una mesa pequeña con un jarro de agua, cuatro sillones y una antigua maqueta llena de polvo, que debió de ser para alguna revista. Y había, como es lógico, una caja fuerte, de tamaño mediano, desconchada y vieja, colocada junto a la mesa, a mano izquierda de Rimski.
Rimski, que llevaba sentado a su mesa toda la mañana, estaba de mal humor; Varenuja, por el contrario, se encontraba animoso, con viva actividad. Pero no era capaz de dar salida a su energía.
En los días de cambio de programa, Varenuja se refugiaba en el despacho del director de finanzas, huyendo de los que le amargaban la vida pidiéndole pases. Éste era uno de esos días. En cuanto sonaba el timbre del teléfono Varenuja descolgaba el auricular y mentía:
