El Maestro y Margarita

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Y el poeta se encontró indeciso de repente, sobre todo ante el término «difunto». Desde que empezara a escribir tuvo la sensación de que aquello resultaba un poco absurdo. ¿Cómo iba a ser eso posible: llegó con el difunto? Los muertos no andan. Sí, evidentemente le podían tomar por loco.

Iván Nikoláyevich se puso a corregir lo escrito: «… con M. A. Berlioz, más tarde difunto…». Esto tampoco satisfizo al autor. Intentó una tercera redacción, que resultó mucho peor que las dos primeras:«… con Berlioz, que fue atropellado por un tranvía…». Además, la complicación era mayor, porque el compositor también se llamaba así y al otro parecía no conocerle nadie; tuvo que añadir: «No el compositor».

El problema de los dos Berlioz le dejó agotado. Tachó todo lo escrito y decidió empezar con algo fuerte que llamara de entrada la atención del lector; escribió que el gato había subido al tranvía y luego volvió a la escena de la cabeza cortada. Aquello y las profecías del consejero le trajeron a la memoria a Poncio Pilatos y, para que el documento resultara más convincente, decidió incluir todo el relato sobre el procurador, empezando por su aparición en la columnata del Palacio de Herodes con un manto blanco forrado de rojo sangre.


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