El Maestro y Margarita

El Maestro y Margarita

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El público respondió con una ovación unánime. El sorprendido Nikanor Ivánovich desorbitó los ojos, y el presentador, levantando la mano para evitar las luces del escenario, lo buscó entre el público con la mirada y le hizo una seña cariñosa para que se le acercara. Nikanor Ivánovich se encontró en el escenario sin saber cómo. Las luces de colores le cegaron los ojos y en la sala los espectadores se hundieron en la oscuridad.

—Bueno, Nikanor Ivánovich, usted tiene que dar ejemplo —dijo el joven actor con voz amable—, entregue las divisas.

Todos estaban en silencio. Nikanor Ivánovich recobró la respiración y empezó a hablar:

—Les juro por Dios que…

Pero no tuvo tiempo de concluir porque la sala estalló en gritos indignados. Nikanor Ivánovich, muy confundido, se calló.

—Según me parece haber entendido —dijo el que llevaba el programa—, usted ha querido jurarnos por Dios que no tiene divisas —y le miró con cara de compasión.

—Eso es, no tengo —contestó Nikanor Ivánovich.

—Bien —siguió el actor—, entonces… perdone mi indiscreción, ¿de quién son los cuatrocientos dólares, encontrados en el cuarto de baño de la casa que habitan su esposa y usted exclusivamente?


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