El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita La hermosa joven sonrió, dejando ver su maravillosa dentadura, y se movieron sus espesas pestañas.
—Y bajo su máscara de dignidad —el actor se dirigió a Dúnchil— se esconde una araña avara, un embustero sorprendente, un mentiroso. Nos ha agotado a todos en un mes de absurda obstinación. Váyase a casa y que el infierno que le va a organizar su mujer le sirva de castigo.
Dúnchil se tambaleó y estuvo a punto de caerse, pero unas manos compasivas le sujetaron. Entonces cayó el telón rojo y ocultó a los que estaban en el escenario.
Estrepitosos aplausos sacudieron la sala con tanta fuerza, que a Nikanor Ivánovich le pareció que las luces del techo empezaban a saltar. Y cuando el telón se alzó de nuevo, en el escenario sólo habÃa quedado el presentador. Provocó otra explosión de aplausos, hizo una reverencia y habló: