El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Éste permaneció callado un instante y luego dijo en arameo:
—¿Tú has incitado al pueblo a que destruya el templo de JershalaÃm?
El procurador parecÃa de piedra, y al hablar apenas se movÃan sus labios. El procurador estaba como de piedra, porque temÃa hacer algún movimiento con la cabeza, que le ardÃa produciéndole un dolor infernal.
El hombre de las manos atadas dio un paso adelante y empezó a hablar:
—¡Buen hombre! Créeme…
El procurador le interrumpió, sin moverse y sin levantar la voz:
—¿Me llamas a mà buen hombre? Te equivocas. En todo JershalaÃm se dice que soy un monstruo espantoso y es la pura verdad —y añadió con voz monótona—: Que venga el centurión Matarratas.
El balcón pareció oscurecerse de repente cuando se presentó ante el procurador el centurión de la primera centuria Marco, apodado Matarratas. Matarratas medÃa una cabeza más que el soldado más alto de la legión, y era tan ancho de hombros que tapaba por completo el sol todavÃa bajo.
El procurador se dirigió al centurión en latÃn:
—El reo me ha llamado «buen hombre». Llévatelo de aquà un momento y explÃcale cómo hay que hablar conmigo. Pero sin mutilarle.