El Maestro y Margarita

El Maestro y Margarita

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Llegó corriendo hasta la entrada de la ciudad, evitando las caravanas que afluían a Jershalaím, y vio a su izquierda la puerta abierta de una tiendecilla donde vendían pan. Sofocado por su carrera bajo el sol ardiente, Leví trató de dominarse, entró en la tienda con tranquilidad, saludó a la dueña que estaba detrás del mostrador y le pidió que le alcanzara del estante de arriba un pan que le había gustado especialmente. Mientras ella se volvía, rápidamente y sin decir una palabra, cogió del mostrador un cuchillo de pan, largo, afilado como una navaja, y echó a correr fuera de la tienda.

A los pocos minutos estaba de nuevo en el camino de Jaffa pero ya no vio la procesión. Echó a correr. De vez en cuando tenía que tenderse sobre el polvo para recobrar la respiración. Y así se quedaba, sorprendiendo a los que pasaban a pie o montados en mulas hacia Jershalaím. Permanecía echado, sintiendo los latidos de su corazón no sólo en el pecho, sino también en los oídos y en la cabeza. Una vez recobrado se levantaba de un salto y seguía corriendo, aunque cada vez más despacio. Por fin, pudo ver en la lejanía la larga procesión envuelta en una nube de polvo. Estaba ya al pie del monte.

—¡Oh, Dios! —gimió Leví, comprendiendo que iba a llegar tarde.

Y había llegado tarde.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker