El Maestro y Margarita

El Maestro y Margarita

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24. La liberación del maestro

En el dormitorio de Voland todo estaba como antes del baile. Voland, en camisa, estaba sentado en la cama, pero ahora Guela no le frotaba la pierna, sino que ponía la mesa del ajedrez para la cena. Koróviev y Asaselo, ya sin el frac, se sentaron a la mesa, y junto a ellos, naturalmente, se colocó el gato, que no quiso despojarse de su corbata, aunque la corbata era ya un trapo sucio. Margarita, tambaleándose, se acercó a la mesa y se apoyó en ella. Voland la llamó con un gesto, como lo hiciera antes, y le pidió que se sentara:

—Bueno, ¿la marearon mucho? —preguntó Voland.

—¡Oh!, no, messere —apenas se oyó la respuesta de Margarita.

Noblesse oblige —indicó el gato, y le sirvió a Margarita un líquido transparente en un vaso pequeño.

—¿Es vodka? —preguntó Margarita con voz débil.

El gato, indignado, dio un respingo en la silla.

—Por favor, majestad —dijo ofendido—, ¿cree usted que yo sería capaz de servir a una dama una copa de vodka? ¡Eso es alcohol puro!

Margarita sonrió e intentó apartar el vaso.

—Beba sin miedo —dijo Voland, y Margarita cogió el vaso inmediatamente.


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