El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —En todo caso —dijo el procurador y levantó su dedo largo, con una piedra negra de sortija—, es necesario…
—¡Oh!, el procurador puede estar seguro de que mientras yo esté en Judea, Bar no podrá dar un paso sin que le sigan.
—Asà estoy tranquilo. En realidad, como siempre que usted se encuentra aquÃ.
—¡El procurador es demasiado benévolo!
—Y ahora le ruego que me informe sobre la ejecución —dijo el procurador.
—¿Y qué le interesa al procurador en particular?
—¿No hubo por parte de la masa intentos de expresar su indignación? Claro está, que esto es lo más importante.
—No hubo ninguno —contestó el huésped.
—Muy bien. ¿Se cercioró usted mismo de que habÃan muerto?
—El procurador puede estar seguro de ello.
—DÃgame… ¿les dieron la bebida antes de colgarlos en los postes?
—SÃ. Pero él —el huésped cerró los ojos— se negó a tomarla.
—¿Cuál de ellos? —preguntó Pilatos.
—¡Usted perdone, hegémono! —exclamó el huésped—, ¿no le he nombrado? ¡Ga-Nozri!