El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Pasó una hora. Leví ya no estaba en el palacio. Sólo el ruido suave de los pasos de los centinelas en el jardín interrumpía el silencio del amanecer. La luna palidecía, y en el otro extremo del cielo apareció la mancha blanca de una estrella. Hacía tiempo que se habían apagado los candiles. El procurador estaba acostado. Dormía con una mano bajo la mejilla y respiraba silenciosamente. A su lado dormía Bangá.
Así recibió el amanecer del quince del mes Nisán el quinto procurador de Judea, Poncio Pilatos.