El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —No conseguirÃa matarte —contestó Levà con una sonrisa, enseñando los dientes—, no soy tan tonto como para pensar en eso. Pero voy a matar a Judas de Kerioth y dedicaré a ello el resto de mi vida.
Los ojos del procurador se llenaron de placer y, haciendo un gesto con el dedo, para que Levà Mateo se acercara, le dijo:
—Eso ya no puedes hacerlo, no te molestes. Esta noche ya han matado a Judas.
Levà dio un salto, apartándose de la mesa, y mirando alrededor con los ojos enloquecidos, gritó:
—¿Quién lo ha hecho?
—No seas celoso —sonrió Pilatos, y se frotó las manos—, me temo que tenÃa otros admiradores aparte de ti.
—¿Quién lo ha hecho? —repitió Levà en un susurro.
Pilatos le contestó:
—Lo he hecho yo.
Levà abrió la boca y se quedó mirando al procurador, que dijo en voz baja:
—Desde luego, no ha sido mucho, pero lo hice yo —y añadió—: bueno, y ahora ¿aceptarás algo?
Levà se quedó pensativo, se ablandó y dijo:
—Ordena que me den un trozo de pergamino limpio.