El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —¿Por qué? —preguntó el procurador cambiando de cara—. ¿Te soy desagradable…, me tienes miedo?
La misma sonrisa hostil desfiguró el rostro de LevÃ. Dijo:
—No, porque tú me tendrás miedo. No te será fácil mirarme a la cara después de haberlo matado.
—Cállate —contestó Pilatos—, acepta este dinero.
Levà movió la cabeza, rechazándolo, y el procurador siguió hablando:
—Sé que te crees discÃpulo de Joshuá, pero no has asimilado nada de lo que él te enseñó. Porque si fuera asÃ, hubieras aceptado algo de mÃ. Ten en cuenta que él dijo antes de morir que no culpaba a nadie. —Pilatos levantó un dedo con aire significativo. Su cara se convulsionaba con un tic—. Es seguro que hubiera aceptado algo. Eres cruel y él no lo era. ¿Adónde vas a ir?
De pronto Levà se acercó a la mesa, se apoyó en ella con las dos manos y mirando al procurador, con los ojos ardientes, dijo:
—Quiero decirte, procurador, que voy a matar a un hombre en JershalaÃm. Quiero decÃrtelo para que sepas que todavÃa habrá sangre.
—Ya sé que la habrá —respondió Pilatos—, no me has sorprendido con tus palabras. Naturalmente, ¿querrás matarme a m�