El Maestro y Margarita

El Maestro y Margarita

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Leví metió la mano por la camisa y sacó un rollo de pergamino. Pilatos lo cogió, lo desenrolló, colocándolo entre las luces, y empezó a estudiar los signos poco legibles. Era difícil descifrar aquellas líneas mal hechas y Pilatos arrugaba la cara, se inclinaba sobre el pergamino y pasaba el dedo por lo escrito. Consiguió entender que se trataba de una cadena de frases sin ilación alguna; fechas, compras anotadas y trozos poéticos. Algo pudo leer: «… la muerte no existe… ayer comimos brevas dulces de primavera…».

Haciendo muecas por el esfuerzo, Pilatos leía fijando la vista: «… veremos el agua limpia del río de la vida… la humanidad mirará al sol a través de un cristal transparente…». Aquí Pilatos se estremeció. En las últimas líneas del pergamino pudo leer:«… el defecto mayor… la cobardía…».

Pilatos enrolló el pergamino y con un gesto brusco se lo dio a Leví.

—Toma —dijo, y después de un silencio añadió—: Veo que eres un hombre letrado y no tienes por qué andar solo, vestido como un mendigo, sin casa. En Cesarea tengo una gran biblioteca, soy muy rico y quiero que trabajes para mí. Tu trabajo sería examinar y guardar los papiros y tendrías suficiente para comer y vestir.

Leví se levantó y contestó:

—No, no quiero.


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