El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita A pesar de la promesa hecha a Asaselo de no volver a mentir, Varenuja empezó su relato con una mentira precisamente. Pero por esto no se le debe juzgar severamente, porque Asaselo le prohibió mentir y decir groserías por teléfono, y ahora el administrador hablaba sin la ayuda de este aparato. Iván Savélievich declaró con mirada vaga que se emborrachó la tarde del jueves, mientras estaba solo en su despacho del Varietés, luego fue ¿adónde?, no se acordaba; en otro sitio estuvo bebiendo starka[19], ¿dónde?, no se acordaba; se quedó después junto a una valla, ¿dónde?, tampoco se acordaba. Sólo después de advertirle que con su estúpida y absurda actitud interrumpía el trabajo de la Instrucción Judicial en un caso importante y que, naturalmente, tendría que dar cuenta de ello, Varenuja balbució, sollozando, con voz temblona y mirando alrededor, que mentía porque tenía miedo, temía la venganza de la pandilla de Voland; que ya había estado en sus manos y por eso pedía, rogaba y deseaba ardientemente que se le recluyera en una celda blindada.
—¡Cuernos! ¡Qué perra han cogido con la cámara blindada! —gruñó uno de los encargados de la Instrucción.
—Les han asustado mucho esos canallas —dijo el juez, que había estado con Ivánushka.