El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Tranquilizaron como pudieron a Varenuja, le dijeron que le protegerían sin necesidad de celda y entonces se descubrió que no había bebido starka debajo de una valla, sino que le habían pegado dos tipos: uno pelirrojo, con un colmillo que le sobresalía de la boca, y otro regordete…
—¿Parecido a un gato?
—Sí, sí —susurró el administrador, muerto de miedo, sin parar de mirar a su alrededor. Siguió contando con detalle cómo había pasado cerca de dos días en el piso número 50 en calidad de vampiro informador, que por poco había causado la muerte del director de finanzas Rimski…
En ese mismo momento, en el tren de Leningrado llegaba Rimski.
Pero este viejo de pelo blanco, desquiciado, temblando de miedo, en el que apenas se podía reconocer al director de finanzas, no quería decir la verdad de ningún modo y se mantuvo muy firme. Rimski aseguraba que no había visto de noche en su despacho a la tal Guela, ni tampoco a Varenuja, que simplemente se había encontrado mal y en su inconsciencia había marchado a Leningrado. Ni que decir tiene que el director de finanzas terminó sus declaraciones solicitando que le recluyeran en una celda blindada.