El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Anushka fue detenida cuando trataba de largarle un billete de diez dólares a la cajera de una tienda de Arbat. Lo que contó Anushka sobre los hombres que salían volando por la ventana de la casa de la Sadóvaya, y sobre la herradura que, según decía, había recogido para llevársela a las milicias, fue escuchado con mucha atención.
—¿La herradura era realmente de oro con brillantes? —preguntaban a Anushka.
—¡No sabré yo cómo son los brillantes! —contestaba.
—¿Pero le dio billetes de diez rublos?
—¡No sabré yo cómo son los billetes de diez rublos! —contestaba Anushka.
—¿Y cómo entonces se convirtieron en dólares?
—¡Qué se yo, qué dólares ni que nada, no vi ningunos dólares! —contestaba Anushka con voz aguda—. ¡Estoy en mi derecho! ¡Me dieron un premio y con eso compro percal! —y siguió diciendo incongruencias: que ella no respondía por la administración de una casa que había instalado en el quinto piso al diablo, que no le dejaba vivir.
El juez le hizo un gesto con la pluma para que se callara, porque estaban ya todos bastante hartos de ella; le firmó un pase de salida en un papelito verde, y con la consiguiente alegría de los allí presentes, Anushka desapareció.