El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —¡HabrÃa que aclarar quiénes son los mentirosos que difunden estos rumores repugnantes! —decÃa madame Petrakova indignada, con voz algo más fuerte de lo que hubiera preferido Boba—. ¡Nada, nada, asà sucederá, ya les meterán en cintura! ¡Qué mentiras más peligrosas!
—¡Pero, por qué mentiras, Antonida PorfÃrievna! —exclamó Boba, disgustado por la duda de la esposa del escritor, y siguió murmurando—: ¡Les digo que no les cogen las balas!… Y ahora el incendio… ellos por el aire… ¡por el aire! —Boba cuchicheaba sin sospechar que los protagonistas de su historia estaban sentados a su lado, regocijándose con su cuchicheo.
Aunque pronto el regocijo se terminó. Salieron a la terraza de la puerta interior del restaurante tres hombres con las cinturas muy ceñidas por cinturones de cuero, con polainas y pistolas en mano. El primero gritó con voz sonora y terrible: