El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —¿Qué? —preguntó Voland desde su caballo—. ¿Se ha despedido?
—Sà —contestó el maestro ya calmado, dirigiéndole una mirada recta y valiente.
Entonces rodó por las montañas una voz terrible de trompeta, la voz de Voland:
—¡Es la hora! —le respondió el silbido agudo y la risa de Popota.
Arrancaron los caballos, y los jinetes, subiendo por el aire, emprendieron la marcha. Margarita sentÃa a su caballo rabioso roer y tirar de la embocadura. La capa de Voland se alzó sobre toda la cabalgata, cubriendo el cielo del atardecer. Cuando por un instante el velo negro se apartó hacia un lado, Margarita volvió la cabeza y pudo ver que no sólo ya no habÃa torres de colores, sino que hacÃa mucho que habÃa desaparecido también la ciudad.