El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —¡Confiese de una vez! ¿Quién es usted? —preguntó con voz sorda.
El extranjero frunció el entrecejo, miró al poeta como si le viera por primera vez y contestó con hostilidad:
—No comprender… Hablar… Ruso…
—Es que no entiende —se metió el chantre desde el banco, aunque nadie le habÃa pedido que explicara las palabras del forastero.
—¡No disimule! —dijo Iván Nikoláyevich amenazador, y tuvo una sensación de frÃo en el estómago—, le he oÃdo hablar ruso perfectamente. Ni es usted alemán, ni profesor. ¡Usted lo que es un asesino y un espÃa! ¡Entrégueme sus documentos! —gritó furioso.
El misterioso profesor torció con desprecio la boca —ya de por sà bastante torcida— y se encogió de hombros.
—¡Ciudadano! —intervino de nuevo el detestable chantre—. ¿No ve que está poniendo nervioso al turista? ¡Ya le pedirán cuentas!
Y el sospechoso profesor, con un gesto arrogante, le volvió la espalda y se alejó. Iván se encontró desarmado y se dirigió muy exaltado al chantre:
—¡Oiga, por favor! ¡Ayúdeme a detener a ese delincuente! ¡Tiene usted el deber de hacerlo!
El chantre, animándose sobremanera e incorporándose de un salto, gritó: