Don Juan
Don Juan En este momento, la elocuente relación del bufo fue interrumpida por la llegada de los carceleros, que venían a encadenar a los cautivos, ya que el buque atravesaba el estrecho de los Dardanelos, y para pasar la Sublime puerta habían de ser encadenados los presos, mujer con mujer y hombre con hombre, disponiéndolos así, de dos en dos, para el mercado de Constantinopla. Al fin de tal tarea resultó que sobraron un varón y una hembra, los que, en consecuencia, hubieron de ser atados juntos. El varón era don Juan, que (cosa impropia para su edad) fue el compañero de una joven bacante de rubicundo rostro. Y preciso es notar que el emparejamiento aludido y las operaciones todas no se verificaron sino después de una discusión larga y dudosa sobre el sexo del tenor, decidiéndose, al fin, colocarlo como vigilante de las mujeres.