Don Juan
Don Juan Llegaron a un vasto edificio; a todas luces, un hermoso palacio. Según las costumbres turcas, su fachada dorada se hallaba cubierta por pinturas de variados colores, de positivo mal gusto, y que recordaban la decoración de un teatro o el biombo pintado de una entretenida europea. Pero, corroborando los secretos proyectos del compañero de Juan, al acercarse a la casa, llegó hasta ellos el aroma de ciertos manjares, asados, guisados, fritos y otros platos que halagan el gusto de todo hombre hambriento, lo cual venció las últimas intenciones belicosas de Juan, el que, abandonando al momento sus ideas, siguió pacientemente al guía, deseoso ya tan sólo de una buena cena.