Don Juan
Don Juan La discusión que se sostuvo al respecto fue larga y hasta violenta, pero Baba la terminó concisamente, asegurando a don Juan que si no accedÃa a cubrirse con aquellos vestidos, a él le serÃa muy fácil acabar la cuestión llamando a alguien que en un momento le resolverÃa, dejando a don Juan al margen de uno u otro sexo.
Jurando y perjurando, hubo, pues, nuestro héroe de meterse en aquellas ropas, que no eran otras sino un precioso pantalón de seda color carne, una túnica de gasa blanca y un simple cinturón que le ceñÃa el talle. Como sus cabellos no eran muy largos, Baba unió a ellos unas trenzas postizas, cubriendo luego su cabeza conforme a la moda entonces usada en TurquÃa. Finalmente, perfumó a don Juan con las más amables esencias.
Equipado asà del todo como una mujer, gracias a las ropas, los postizos, las tenacillas, los afeites y los perfumes, diestramente manejados por Baba, nuestro héroe parecÃa una muchacha joven y hermosa, hasta el punto de que el eunuco se mostró inconcebiblemente encantado de contemplarla. Llamó a unos enanos y ante ellos y los cautivos, con una risible solemnidad, dijo lo siguiente: