Don Juan
Don Juan —He oÃdo ya vuestros nombres; el vuestro no es nuevo para mÃ. En cuanto a esa quinta persona… En fin… Bien, ya veremos… Digo que creo haber oÃdo vuestro nombre en el regimiento Nikolaiew.
—Precisamente.
—¿ServÃais en Midis?
—SÃ.
—ConducÃais el ataque?
—SÃ.
—¿Qué ha sido de vos después?
—Un tiro me derribó y me hicieron prisionero.
—Seréis vengado… ¿Dónde queréis servir?
—Donde queráis.
—Y ese joven, ¿qué puede hacer?
—A fe, general, que si es tan bueno en la guerra como en el amor, podÃa ser puesto a la cabeza de los encargados del asalto.
—Se le pondrá, si se atreve a ello.
A estas palabras, nuestro héroe, que no era otro el desconocido, se inclinó con el respeto que merecÃa el cumplido de su amigo y se cuadró marcialmente ante el general. Este prosiguió: