Don Juan
Don Juan Yo no puedo decir si Julia vio la cosa como los demás la veían; cierto es, sin embargo, que si descubrió algo no lo demostró, y que todos lo ignoran. Puede ser que, en efecto, no supiese nada, o que le importase muy poco lo que sucedía, bien por indiferencia, bien por costumbre. Estoy verdaderamente perplejo y no puedo opinar con sinceridad sobre este punto, puesto que ella supo disimular maravillosamente sus pensamientos.
Julia conoció a Juan casi niño aún y le tomó gran cariño, acariciándole frecuentemente con gusto, como a un muchachito bello y amable. Ciertamente que en estas caricias no había ningún mal; nada podía ser más inocente, ya que ella no contaba entonces sino poco más de veinte años y Juan acababa de cumplir los trece; pero a fe mía que yo no hubiera podido menos de reírme ante tales caricias cuando Juan hubo llegado a los dieciséis años y la hermosa Julia a los veintitrés. Estos pocos años más son suficientes para dar ocasión a grandes cambios. Y vuelvo a recordar el ardiente sol de los pueblos del Mediodía.