Don Juan
Don Juan Y vedlos ocupados en buscar él y los que le acompañaban; registran todos los rincones, los gabinetes, los retretes, los armarios, los huecos de las ventanas. Encontraron, es cierto, muchos lienzos, encajes, medias, chinelas, cepillos, peines y todas las cosas que se encuentran en la habitación de una señora que gusta de las modas y adornarse y presentarse lindamente aseada. Punzan las tapicerías y los; cortinajes con las hirientes puntas de sus espadas y hasta rompen algunos tableros de los armarios y de las ventanas, y más de una mesa del mejor estilo… Buscan bajo la cama y encuentran… algo que ciertamente no era lo que buscaban. Abren las ventanas y observan si en el suelo se aprecian las huellas de los pies de un hombre fugitivo, pero no ven ninguna; y entonces optan por mirarse unos a otros con aire de sorpresa y desencanto. Es singular, sin embargo, que a ninguno de tantos buscadores se le ocurriese mirar bajo las ropas de la cama, revueltas en montón, como lo habían hecho debajo de ella… Ciertamente que ello fue un gran descuido…
Durante tal registro, la dulce lengua de doña Julia no descansaba, naturalmente: