Don Juan

Don Juan

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Sí, sí; buscad, buscad bien, acumulad ultraje tras ultraje, afrenta tras afrenta; ved para qué me he entregado fielmente a un esposo que supuse noble; ved para lo que he sufrido tan largo tiempo a mi lado a un hombre tal como don Alfonso. Pero yo no puedo aguantarlo más tiempo, ni permanecer un instante más en esta casa, y saldré de ella si es que aún, hay leyes y abogados en España. Sí, don Alfonso, ¡desde este momento dejáis de ser mi esposo! ¿Habéis merecido alguna vez este título? ¿Lo que habéis hecho es propio de vuestra edad? ¿No sois un sesentón? ¿Es prudente, ni siquiera discreto, hallar de esta manera, sin motivo alguno, el modo de ultrajar la virtud de una mujer digna de estimación? ¡Ingrato, pérfido, bárbaro don Alfonso! ¿Cómo os atrevéis a pensar que vuestra mujer sea capaz de olvidar sus deberes de un modo semejante? ¿Será porque he descuidado el uso de los privilegios de mi sexo? ¿Porque he escogido un confesor de amores tan viejo y sordo como vos, que hubiera resultado insoportable a cualquier otra mujer menos resignada? ¡Ay! ¿Habéis tenido nunca de qué reprenderme? Mi inocencia os embaraza de tal manera, que casi dudo de haber sido casada. ¿Es acaso todo esto porque todavía no he aceptado un cortejo entre todos los jóvenes de Sevilla? ¿Porque no voy a ninguna parte, excepto a algunas corridas de toros, a misa, a la comedia y a la tertulia? ¿Es porque cualesquiera que hayan sido mis adoradores, no he favorecido a ninguno, y hasta he sido sobradamente desdeñosa con ellos? ¿Es porque el general conde de O’Reilli, que tomó Argel, repite en todas partes que le he maltratado cruelmente? El músico italiano Gazzani, ¿no me ha cantado inútilmente su amor durante seis meses consecutivos? Su compatriota, el conde Comiani, ¿no me ha proclamado la única mujer virtuosa de toda España? ¿A cuántos rusos e ingleses no he desdeñado? ¿No he desesperado al conde Strongstorganoff y al lord Mout-Coffechoose, el par de Irlanda, que el año pasado se ha dado la muerte por mi amor (a fuerza de beber)? ¿No he tenido a dos obispos arrodillados a mis pies, el duque de Icard y don Fernando Núñez? ¿Es este el modo cómo tratáis a una mujer fiel? ¿En qué cuarto de luna estamos, don Alfonso? Todavía os encuentro muy moderado cuando no me dais de palos en una ocasión que se os presenta favorable. ¡Oh, héroe valiente! ¡Con todas vuestras pistolas preparadas y vuestras espadas fuera de la vaina, creedme: hacéis un papel admirable!… Ved, pues, por qué habéis hecho este viaje bajo el pretexto de un negocio indispensable y en compañía de vuestro tunante procurador, al que veo allí plantado como un badulaque, que se muerde los labios por efecto de su propia tontería. Os desprecio a los dos, pero a él más aún, puesto que su conducta no tiene disculpa, ya que sólo es el cebo de una vil ganancia lo que le hace obrar de esta manera. Si viene aquí para formar un testimonio, veamos el modo de que tal caballero haga su oficio. Aquí tenéis tinta y pluma; escribid, señor. Yo no quisiera que hubieran de pagaros para no hacer nada. Pero como mi criada está casi enteramente desnuda, hacer salir a vuestros alguaciles, os lo suplico… Ved el gabinete, ved el tocador, ved la antesala; buscad de arriba abajo; mirad el sofá, el sillón, la chimenea, que, en efecto, podían servirme para ocultar algún amante; vedlos. Mas, como yo quiero dormir, daos prisa, y no hagáis tanto ruido hasta que hayáis sacado de su nido al escondido caballero. Cuando le hayáis encontrado, os suplico que me lo presentéis, porque tengo curiosidad por conocerle. Y mientras tanto, caballero, puesto que habéis ultrajado a vuestra mujer por medio de infames sospechas, y puesto que vuestros amigos todos se hallan abochornados de vuestro fracaso y vuestra mofa, os suplico que tengáis la bondad de hacerme saber el nombre de la persona que buscabais. ¿Cómo se llama? ¿Cuál es su rango? ¡Que yo le vea! Supongo que será joven y buen mozo. ¿Es alto, bello, arrogante? Vamos, hablad… y estad seguro que, puesto que habéis manchado mi honor y mi inocencia con una afrenta semejante, no será en vano… A lo menos, mi supuesto amante no será un hombre de sesenta años; a tal edad sería ya demasiado viejo para querer tomarse el trabajo de jugarse la vida dando celos a un marido tan joven como vos… (Antonia, dadme un vaso de agua…) Estoy avergonzada de derramar lágrimas, que son indignas de la hija de mi padre. Mi pobre madre no se engañaba al suponer que pudiera un día estar en manos de un monstruo como vos… Puede ser que estéis celoso de Antonia, mi doncella, ya que la habéis encontrado durmiendo a mi lado, cuando habéis venido a sorprenderme en unión de vuestros acompañantes… Mirad por todas partes, caballero, pues no tenemos nada que esconder. Y espero que otra vez me lo avisaréis con tiempo, o, al menos, que os detendréis un momento a mi puerta, para que tengamos lugar a cubrir nuestra desnudez… a fin de recibir tan buena compañía… Y concluyo de hablar, caballero. Lo poco que os he dicho podrá servir para probaros que un corazón inocente sabe devorar en silencio afrentas que sería demasiado bajo repetir de palabra… Os entrego a vuestra conciencia. Ella os preguntará algún día por qué me habéis tratado de esta manera. ¡Quiera Dios que entonces no sintáis el punzante dolor de una pena más amarga!… Antonia, ¿dónde está mi pañuelo?"


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker