Don Juan
Don Juan Apenas hubo corrido el cerrojo, cuando inmediatamente… ¡Oh, vergüenza! ¡Qué desengaños y dolores ha de proporcionarnos siempre el sexo femenino!… Don Juan, medio ahogado, saltó de repente fuera de la cama. No pretendo explicar, ni menos describir, dónde había estado escondido, ni de qué manera. Joven, delgado y ágil, ocupaba, sin duda alguna, muy pequeño espacio. Es cierto que pudo morir ahogado, pero si hubiese muerto por una tan hermosa mujer, ¿podría tenérsele lástima? No podemos. Mejor es morir así, por tan dulce ahogo, que no rebosante de malvasía, como el ebrio de Clarencia.