Don Juan
Don Juan Aún existían algunos restos del pobre licenciado Pedrillo, que se consumieron con economía. Si alguno sentía miedo e imponía silencio a su apetito, otros, aunque poco a poco y de tiempo en tiempo, consumían pequeños pedazos de aquella carne; tan sólo Juan se abstuvo siempre de probarla y engañaba su hambre masticando un pedazo de suela que había conservado… Si la suerte de Pedrillo causa horror, preciso es recordar al noble conde Ugolín, que devoraba las cabezas de sus enemigos después de referir su historia muy gentilmente… La suerte, al fin, favoreció, aunque muy avaramente, a los náufragos. Pudieron pescar algunos raros peces, con los que se alimentaron algunos días, y, para mayor alegría y esperanza, una mañana hallaron dormida sobre un trozo de madera una especie de tortolilla de blanca pluma y pico de gavilán, a la que pudieron acercarse poco a poco y con infinitas precauciones, hasta cazarla. La tortolilla satisfizo su hambre un día más, pero, sobre todo, les dio nuevo calor y nueva esperanza, puesto que el hecho de su presencia en el mar indicaba, indudablemente, la proximidad de la tierra.