La sociedad del cansancio
La sociedad del cansancio Existe un cansancio que agota, que paraliza, que enferma. Pero también hay otro, más profundo y silencioso, que permite la curación. Este cansancio no nace del rendimiento, ni de la hiperactividad, ni del imperativo de poder más. Es un cansancio que no destruye, sino que libera. Un cansancio que no es síntoma de fracaso, sino señal de una retirada necesaria, de una tregua que interrumpe la violencia de la positividad.
El yo, tal como se configura en la sociedad de rendimiento, es un campo de batalla. Está en guerra consigo mismo. Se exige sin cesar, se somete a un proceso de maximización constante. No hay exterior que imponga: la presión es interna. La libertad se ha convertido en una obligación, y el rendimiento en una forma de esclavitud disfrazada de elección. En ese contexto, el yo se endurece, se cierra, se convierte en una fortaleza. Pero esa fortaleza es una prisión.