La sociedad del cansancio
La sociedad del cansancio Los logros de la cultura —filosofía, arte, pensamiento— requieren otro tipo de atención. Una atención que se sumerge, que se detiene, que soporta el vacío. El multitasking destruye esta posibilidad. Lo contemplativo cede paso a lo reactivo. La vida se vuelve un continuo reflejo condicionado, una serie de respuestas sin pausa.
El aburrimiento profundo, tan despreciado hoy, era un espacio fértil. Walter Benjamin lo describía como el “pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia”. Sin ese espacio de silencio, sin esa suspensión del sentido inmediato, no hay experiencia. Solo consumo. El mundo se vuelve plano, sin espesor, sin resonancia.
La técnica del multitasking, lejos de representar una habilidad sofisticada, nos acerca a lo prehumano. Las máquinas pueden procesar múltiples tareas a la vez, pero no pueden contemplar. El ser humano, en cambio, pierde su humanidad cuando renuncia a su capacidad de atención profunda. La aceleración destruye el entre-tiempo, impide el recogimiento, bloquea el pensamiento. La sociedad de la actividad sin tregua produce una subjetividad superficial, incapaz de esperar, de demorarse, de crear.