La sociedad del cansancio
La sociedad del cansancio El sujeto multitarea vive en alerta permanente, cambia de foco continuamente, salta de una cosa a otra sin detenerse verdaderamente en nada. Esta atención superficial no es compatible con la reflexión ni con la creatividad. No hay tiempo para el aburrimiento profundo, condición necesaria para que surja algo nuevo. Todo debe ser inmediatamente útil, consumible, productivo. Incluso el ocio ha sido colonizado por esta lógica, transformado en actividad controlada y medible.
La contemplación, el pensamiento lento, la escucha, la mirada prolongada: todas estas facultades desaparecen bajo la presión del rendimiento y la conexión constante. La hiperactividad reemplaza al recogimiento. El resultado no es más vida, sino más ansiedad. Se ha perdido la capacidad de demorarse, de habitar un momento, de dejar que algo madure. Todo debe responder ya, rendir ahora, mostrar resultados visibles. Lo invisible, lo lento, lo frágil son descartados.
Este tipo de atención no permite tejer vínculos ni construir sentido. Lo que predomina es una vigilancia inquieta, similar a la de los animales que deben mantenerse vivos mientras comen, cuidan a sus crías o se reproducen. La vida humana, atrapada en la lógica del multitasking, se animaliza. No se alcanza una mayor eficiencia: se sacrifica la profundidad.