La sociedad del cansancio
La sociedad del cansancio La hiperactividad destruye la potencia de la acción. En cambio, la inacción elegida, consciente, es el punto desde el cual lo nuevo puede emerger. Lo que interrumpe no es destrucción: es posibilidad. La negatividad no niega la vida, la enriquece. Da forma al tiempo, permite la diferencia, abre el espacio del sentido. Sin ella, no hay acto libre, no hay pensamiento, no hay mundo. Solo repetición. Solo ruido. Solo cansancio.
En un mundo atravesado por la lógica del rendimiento, donde toda existencia se mide por su utilidad y productividad, emerge una figura inquietante: Bartleby. Su negativa pasiva —“preferiría no hacerlo”— no es una simple resistencia ni un acto de protesta activa. Es una forma de retirada radical, una suspensión del mandato del hacer. Bartleby no se rebela; se desvanece. No grita; calla. No se enfrenta; se abstiene. Su actitud no encaja en ninguna categoría funcional. No rinde, no responde, no produce.