La sociedad del cansancio
La sociedad del cansancio Bartleby no ofrece respuestas. Pero su silencio, su quietud, su obstinada negativa a jugar el juego, son una grieta. Una grieta que no se cierra. Una interrupción que no se puede ignorar. En su pasividad se revela la potencia última: la de no entrar al circuito, la de quedarse fuera, la de no hacer cuando todo se construye sobre el hacer. En esa renuncia sin afirmación, sin programa, sin destino, hay una verdad insoportable para la sociedad del rendimiento.
El estado de excepción, que antes marcaba una interrupción del orden, un quiebre temporal del derecho y la normalidad, ha sido neutralizado. Ya no se presenta como un evento extraordinario, sino como una condición continua. Pero no porque se haya institucionalizado una suspensión del derecho como tal, sino porque la positividad creciente ha absorbido toda posibilidad de excepción. No hay margen fuera del sistema. Todo es permitido, todo es funcionalizable, todo puede ser convertido en rendimiento.