La gaviota
La gaviota —¿Quién habla de viajes en mitad de diciembre? —preguntó Manuel—. ¿No ve usted, santo señor, los humos que tiene la mar? Escuche usted las seguidillas que está cantando el viento. Embárquese usted con este tiempo, como se embarcó en la guerra de Navarra, y saldrá con las manos en la cabeza, como salió entonces.
—Además —añadió la tÃa MarÃa—, que todavÃa no está enteramente curada la enferma.
—Madre —dijo Dolores, sitiada por los niños—, si no llama usted a esas criaturas, no se cocerán las batatas de aquà al dÃa del juicio.
La abuela arrimó la rueca a un rincón y llamó a sus nietos.
—No vamos —respondieron a una voz— si no nos cuenta usted un cuento.
—Vamos, lo contaré —dijo la buena anciana.
Entonces los muchachos se le acercaron; AnÃs recobró su posición en el tiesto y ella tomó la palabra en los términos siguientes:
Medio-pollito
Cuento