La gaviota
La gaviota —¡Ah!, ¡qué bien se está aquí! —dijo Stein acariciando a los niños—; ¡si se pudiese vivir pensando sólo en el día de hoy, sin acordarse del de mañana!…
—Sí, sí, don Federico —exclamó alegremente Manuel—, «media vida es la candela; pan y vino, la otra media».
—¿Y qué necesidad tiene usted de pensar en ese mañana? —repuso la tía María—. ¿Es regular que el día de mañana nos amargue el de hoy? De lo que tenemos que cuidar es del hoy, para que no nos amargue el de mañana.
—El hombre es un viajero —dijo Stein— y tiene que mirar al camino.
—Cierto —dijo la tía María— que el hombre es un viajero; pero si llega a un lugar donde se encuentra bien, debe decir como Elías o como San Pedro, que no estoy cierta: «bien estamos aquí: armemos las tiendas».
—Si va usted a echarnos a perder la noche —dijo Dolores— con hablar de viaje, creeremos que le hemos ofendido o que no está aquí a gusto.