La gaviota
La gaviota En dos partes puede considerarse dividida la novela. Pasa la primera en las inmediaciones de Villamar, pueblecito imaginario del condado de Niebla, entre la familia del guarda de un ex convento, de la cual es huésped el cirujano alemán Federico Stein, y varios oscuros personajes del citado pueblecito o de sus cercanías, entre los cuales se cuentan el pescador catalán Pedro Santaló y su hija Marisalada, a quien llaman la Gaviota por su genio arisco y su afición a vagar por entre las peñas, en la soledad de las playas marinas, soltando al viento el raudal de su hermosísima voz. El amor de Stein a esta mujer singular, su enlace con ella, la llegada a aquellos campos, de un noble y poético magnate, el duque de Almansa, que, gravemente herido en una cacería, es curado por el hábil Stein; y la salida, por fin, de este y su mujer para Sevilla en compañía del duque, que los persuade a que vayan a buscar un teatro más digno en que lucir y utilizar sus respectivos talentos, llenan el primer tomo de la novela, que por nuestra parte preferimos con mucho al segundo. No decimos por eso que este tenga menos mérito que aquel, sino simplemente que aquel nos es más simpático, nos gusta más; a otros acaso les gustará menos. En lo que creemos que todos estaremos conformes es en reprobar el incidente de los amores de la Gaviota con el torero Pepe Vera. ¿A qué rebajar tan cruelmente el carácter de la pobre Marisalada?