La gaviota
La gaviota Tienes la boca,
que parece un canasto
de colar ropa.
Con unos dientes,
que parecen zarcillos
de tres pendientes.
y le volvió la espalda.
Momo, que no era hombre que se quedase atrás, en tratándose de insolencias y denuestos, replicó con coraje:
—Anda, anda, a que te echen la bendición; que será la primera que te hayan echado en tu vida, y que estoy para mà que será la última.
Celebróse la boda en el pueblo, en la casa de la tÃa MarÃa, por ser demasiado pequeña la choza del pescador para contener tanta concurrencia. Stein, que habÃa hecho algunos ahorros en el ejercicio de su profesión (aunque hacÃa de balde la mayor parte de las curas), quiso celebrar la fiesta en grande, y que hubiese diversión para todo el mundo; por consiguiente, se llegaron a reunir hasta tres guitarras, y hubo abundancia de vino, mistela, bizcochos y tortas. Los concurrentes cantaron, bailaron, bebieron, gritaron; y no faltaron los chistes y agudezas propias del paÃs.
La tÃa MarÃa iba, venÃa, servÃa las bebidas, sostenÃa el papel de madrina de la boda, y no cesaba de repetir: