La gaviota
La gaviota —¡Bomba! —gritó de pronto uno de los que la echaban de graciosos—. Brindo por ese cúralo-todo que Dios nos ha enviado a esta tierra, para que todos vivamos más años que Matusalén; con condición de que, cuando llegue el caso, no trate de prolongar la vida de mi mujer, y mi purgatorio.
Esta ocurrencia ocasionó una explosión de vivas y palmadas.
—¿Y qué dices tú a todo esto, Manuel? —le gritaron todos.
—Lo que yo digo —repuso Manuel— es que no digo nada.
—Esa no pasa. Si has de estar callado, vete a la iglesia. Echa un brindis y espabÃlate.
Manuel tomó un vaso de mistela, y dijo:
—Brindo por los novios, por los amigos, por nuestro comandante y por la resurrección de San Cristóbal.
—¡Viva el comandante, viva el comandante! —gritó todo el concurso—; y tú, Manuel, que lo sabes hacer, echa una copla.
Manuel cantó la siguiente:
Mira, hombre, lo que haces
casándote con bonita;
hasta que llegues a viejo,
el susto no te se quita.
Después que se hubieron cantado algunas otras coplas, dijo el que la echaba de gracioso: