La gaviota
La gaviota dicen los franceses
UĂ, uĂ, UĂ, UĂ, uĂ.
—Arias —dijo Polo—, parecéis un oso en medio de un enjambre de abejas.
—La comparaciĂłn —respondiĂł Arias— no es muy poĂ©tica, para ser de un discĂpulo de las nueve solteronas. Apolo recusará ser tocayo vuestro. Pero quedaos como la rosa entre estas abejas, prodigándoles los raudales de vuestra miel hiblea, mientras yo voy por un paraguas que me preserve del aguacero.
En este momento, los tertulianos, que estaban reunidos junto a la puerta del patio, hicieron calle para dejar entrar a MarĂa, a quien el duque conducĂa por la mano; Stein los seguĂa.