La gaviota
La gaviota —¡Hay paciencia para esto! —exclamó el general tirando los naipes.
—¿Qué es lo que exalta de esta suerte la bilis de nuestro tÃo? —preguntó Rafael, que habÃa entrado, a su prima Rita.
—La noticia que corre.
—¿Qué noticia?
—Que te nombran mayor de plaza y lo ha tomado por una ironÃa.
—Tiene razón; yo no puedo aspirar a más dictado que al más chico de la plaza. Pero traigo una noticia que puede aspirar con razón a la primera categorÃa.
—¿Una noticia? Una noticia es un patrimonio de todos. AsÃ, suéltala pronto.
—Pues han de saber ustedes —dijo Rafael levantando la voz— que la Grisi de Villamar está ajustada para salir a las tablas a lucir su voz.
—¡Oh!, ¡qué felicidad! —exclamó EloÃsa—, el que algún evento notable saque a esta monótona Sevilla del carril rutinario en que vegeta desde que San Fernando la fundó.
—La conquistó —le dijo por lo bajo su simpático amigo Polo.
Pero EloÃsa, sin atenderle, prosiguió:
—¿En qué ópera hará su debut?
—¿Pues qué, se ha ajustado para salir a las tablas de Bu? —preguntó la marquesa.