La gaviota
La gaviota Nada podía, como lo que acabamos de describir, dar realce y vida a esta verdad moral: que en medio del tumulto y de las borrascas de las malas pasiones, la voz de la religión se deja oír por intervalos, grave y poderosa, suave y firme, aun a aquellos mismos que la olvidan y la reniegan.
El cura entró en el cuarto del enfermo.
Los niños que habían acudido, recitaban estos versos, que aprendieron al mismo tiempo que aprendieron a hablar.
Jesucristo va a salir, Jesucristo va a salir,
yo por Dios quiero morir,
porque Dios murió por mí.
Los ángeles cantan, Los ángeles cantan,
todo el mundo adora
al Dios tan piadoso
que sale a estas horas.
Aquella pobre morada se había aseado y dispuesto con esmero y decencia, gracias a los cuidados de la tía María y del hermano Gabriel. Sobre una mesa se había colocado un crucifijo con luces y flores, porque las luces y los perfumes son los homenajes externos que se tributan a Dios. La cama estaba limpia y primorosa.