La gaviota
La gaviota A esta copla respondió un torbellino de aplausos, vivas y requiebros, que hicieron retemblar las vidrieras.
Stein se puso rojo como la grana, menos de indignación que de vergüenza.
—Sobre que ese Pepe Vera nació de pie —dijo uno de sus compañeros.
—¡Tiene más suerte que quiere!
—Como que hoy por hoy, no la cambio por un imperio —repuso el torero.
—¿Pero qué dice a eso el marido? —preguntó un picador, que contaba más años que todos los demás de la cuadrilla.
—¿El marido? —respondió el torero—. No conozco a su mercé sino para servirlo. Pepe Vera no se las aviene sino con toros bravos.
Stein había desaparecido.