La gaviota
La gaviota —¡MarÃa! ¡MarÃa! No es Pepe Vera hombre a quien se da gato por liebre. Sábete que yo conozco las mañas de los toros bravos como las de los toros marrajos.
MarÃa se echó a llorar.
—Sà —dijo Pepe—, suelta el trapo, que ese es el Refugium peccatorum de las mujeres. Tú te fÃas del refrán «mujer, llora y vencerás». No, morena; hay otro que dice «en cojera de perro y lágrimas de mujer, no hay que creer». Guarda tus lágrimas para el teatro, que aquà no estamos representando comedias. Mira lo que haces: si juegas falso, peligra la vida de un hombre. Conque, cuenta con lo que haces. Mi amor no es cosa de recetas ni de décimas. Yo no me pago de hipÃos, sino de hechos. En una palabra, si no vas esta tarde a los toros, te ha de pesar.
Diciendo esto, Pepe Vera se salió de la habitación.