La gaviota
La gaviota —Pero tÃo —dijo la condesa—, yo quiero que mis hijos me tuteen.
—¡Cómo, sobrina! —exclamó el general—. ¿También quieres tú entrar en esa moda que nos ha venido de Francia, como todas las que corrompen las costumbres?
—Conque ¿el tuteo entre padres e hijos corrompe las costumbres?
—SÃ, sobrina; como todo lo que contribuye a disminuir el respeto, sea lo que fuere. Por esto me gustaba la antigua costumbre de los grandes de España, que exigÃan el tratamiento de excelencia a sus hijos.
—El tuteo, que pone en un pie de igualdad, que no debe existir entre padres e hijos, no hay duda que disminuye el respeto —dijo la marquesa—. Dicen que aumenta el cariño; no lo creo. ¿Acaso, hija mÃa, me habrÃas amado más si me hubieras tuteado?
—No, madre —dijo la condesa, abrazándola con ternura—, pero tampoco os hubiera respetado menos.