La gaviota
La gaviota —Entre las polillas que están carcomiendo esta sociedad —dijo el general—. ¡Cuando esté destruida veremos con qué la reemplazan!
—Además —prosiguió Rafael—, ya sé que nuestro A. Polo ha compuesto una sátira (se sentÃa inclinado a este género, y hace mucho tiempo que sintió brotar en su cabeza los cuernos de MarsÃas), una sátira, digo, contra la hipocresÃa, en la cual dice que es un rasgo de hipocresÃa reclamar el pago de la asignación del clero, de los exclaustrados y de las monjas.
—Pues bien, sobrino —dijo el general—, con esas bellas composiciones hizo bastantes méritos para que le recibiesen de colaborador en un periódico de oposición.
—Ya caigo —dijo Rafael—, y adivino lo que sucedió, porque es una farsa que se representa todos los dÃas. Cortó la pluma a guisa de mandÃbula asnal y, armado con ella, atacó a los filisteos del poder.
—Lo has acertado como un profeta —dijo el general—. No sé cómo se ha ingeniado; lo cierto es que en el dÃa le tienes hecho un personaje: con dinero, rebosando buen tono y reventando da forte.