La gaviota
La gaviota Pero apenas había pronunciado la última palabra, cuando su madre, que lo había oído, se arrojó a él y le descargó una bofetada.
—Aprende —le dijo— a no ser insolente con la madre de tu padre, que es dos veces madre tuya.
Momo se refugió llorando a lo último del corral, y desahogó su coraje dando una paliza al perro.