Amar después de la muerte o El Tuzaní de las Alpujarras
Amar después de la muerte o El Tuzaní de las Alpujarras (que aun la ambición del honor
no es ambición de provecho),
dije que me la enseñara.
Seguíle a solas por esos
laberintos donde el sol
aun se pierde por momentos,
con andarlos cada día.
Apenas entre dos cerros
él se vio conmigo, cuando
por los peñascos subiendo,
dio voces, y ya a sus voces
o a las que le hurtaba el eco,
respondieron unas tropas
de moros, que descendiendo,
a la presa se avanzaban
como quien son, como perros.
Inútil fue la defensa,
y en fin, en mi sangre envuelto,
discurrí el monte a ampararme
de las hojas, cuando veo
debajo de las murallas
de Galera, donde llego,
abierta una boca, un
melancólico bostezo
del peñasco sobre quien
estriba, que con el peso
del edificio, sin duda