Amar después de la muerte o El Tuzaní de las Alpujarras
Amar después de la muerte o El Tuzaní de las Alpujarras que ver morir y morir
tan triste y tan lamentable—
mente lo que se ama, es
la cifra de los pesares,
el colmo de las desdichas
y el mayor mal de los males.
Maleca, ¡ay triste!, mi esposa,
es (¡qué pena tan notable!)
la que (¡qué dolor tan triste!)
pálida (¡qué duro trance!)
y sangrienta (¡qué cruel!)
estáis mirando delante.
Aleve mano en su pecho
hizo herida penetrante
entre el fuego. ¿A quién no admira,
a quién no asombra que apague
fuego a fuego, y que al acero
se dé a partido un diamante?
Todos sois testigos, todos,
del más sacrílego ultraje,
la más fiera acción, el más
triste horror, costoso examen
del amor y la fortuna;
y así, desde aqueste instante,
todos lo habéis de ser, todos,
de la mayor, la más grande
y la más noble venganza