Amar después de la muerte o El Tuzaní de las Alpujarras
Amar después de la muerte o El Tuzaní de las Alpujarras que en sus corónicas guarde
la eternidad de los bronces,
la duración de los jaspes;
pues a esta beldad difunta,
flor truncada, rosa fácil,
que al fin maravilla muere
como maravilla nace,
hago juramento, hago
firme amoroso homenaje
de vengar su muerte; y puesto
que Galera, a quien no en balde
dieron este nombre, ya
zozobrando sobre mares
de púrpura que la anegan,
de llamas que la combaten,
se va a pique despeñada
desde esta cumbre a ese valle;
pues ya de los españoles
apenas se escucha el parche,
y pues se van retirando,
yo iré siguiendo el alcance,
hasta que al mismo entre todos
homicida suyo halle:
vengaré, si no su muerte,
a lo menos mi coraje;
porque el fuego que lo ve,
porque el mundo que lo sabe,