El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea señor don Álvaro, hablemos
más claramente los dos
sin que tantos sentimientos
como tiene encerrados
en las cárceles del pecho
acierten a quebrantar
las prisiones del silencio.
Yo soy un hombre de bien;
que a escoger mi nacimiento,
no dejara, es Dios Testigo,
un escrúpulo, un defecto
en mí, que suplir pudiera
la ambición de mi deseo.
Siempre acá entre mis iguales
me he tratado con respeto.
De mí hacen estimación
el cabildo y el concejo.
Tango muy bastante hacienda,
porque no hay, gracias al cielo,
otro labrador más rico
en todos aquestos pueblos
de la comarca. Mi hija
se ha criado, a lo que pienso,
con la mejor opinión,
virtud y recogimiento
del mundo. Tal madre tuvo
—¡Téngala Dios en el cielo!—